lunes, 26 de septiembre de 2016

María Neder, Quemarme todos los inviernos con el mismo frío


BODY AND SOUL

Construirte/montar cada palabra
sobre el falo de ti misma
hembra macho brutal espada poesía
voz/sonido en el aire
explosión quebrándome los huesos
aquí me tenés, renga, viciosa
lamiéndote y desaforada
por escribir/darte en el centro
con este lápiz
con la palabra –siempre la misma sed-
derramarme en oídos de otra lengua
seguir en la respiración alucinada
sin hallar el lugar donde el pie se apoye
exhausta
yo mujer mi hacedora
¡si pudiera!


FISURA DE BOCA

En el espejo hay una cebra.
Subir el volumen de su pelaje y ojos de luna.
Enunciarla.
Una voz en celo.
Una cebra en espejo amanece
por cada línea oscura invitadora.

Ir/yendo hacia los lugares peligrosos
subir una zona real e insegura por lo tanto.
En celo.

Humedecer los gritos
                      -no deberíamos tener tantos nombres-
y decir esta hambruna envuelta en trapos de red
es el hambre de mí.

Ponerse al revés la camisa
y las costuras de mis pieles a la intemperie.
Lamerme la cara a la cebra
en ascenso salvaje
salida del marco del espejo
y lamerme los huecos otra vez
                     -no deberíamos tener tantos nombres-.

La cebra se despega de citas furtivas.
El tren no para en todas las estaciones
las ventanillas espejan escondites de furia
muchos demorados escondites.

Es la caída de todos los templos
ante los ojos de luna de mi cebra en celo.
                       ¿Se equivocan menos las manos?

Qué abajo el suelo y las baldosas, sí
cuatro líneas era cuando las pisaba,
se han convertido en figuras geométricas ideales.

El diccionario no le sirve a nadie,

ella es tímida y difícilmente domesticable
sabe que está en peligro de extinción

hay que subir el volumen de
un bramido fuego orgasmo vuelo pequeña muerte

sentir el temblor
la otra parte
escapada por el tejido abierto.


VICIOS
(Tanti ani prima)

I
Ponerme aquel saco sastre
para oírte, padre:
“ser feliz sin un mango en el bolsillo”.

VII
Escribir y tachar y tachar escribir y tachar.

X
Tomar el mate del desayuno
como si vos, madre, lo cebaras.

XIV
Quemarme todos los inviernos con el mismo frío.

XV
No limpiar el vómito del teléfono.

XX
Volver a tu boca.


En: “Fisura de boca”, Alción Editora, 2003.
María Neder (Buenos Aires). Vive en Villa de Merlo, provincia de San Luis. 

domingo, 25 de septiembre de 2016

Rubén Sevlever, El clima lúcido de danza en la fiesta perpetua


I
NOCTURNO

La noche trae como un vuelo
su aire,
su perfume distinto.
La noche dilata libremente
sus aspas de molino
abarcando espacios, ríos inmemoriales, 
donde el ojo no sufre su derrota.
Estrellas, giros, círculos 
Cuando caen las espadas veloces de la sombra
diminutos pájaros de plata
dormitan en el brillo único del mar
aprisionado en el vacío.


II
PENETRACIÓN

Tanto y tanto se asemeja
La mirada de la Esfinge
al conocimiento dramático de la luz
que el que mira fijamente
se diluye interminablemente solo,
pasajero de la noche de su cuerpo que huye,
ajeno a la muerte que permanece
y se distiende con su sola quemadura
expuesta al sol, conjuro total que anonada
y hace crecer de nuevo la sed
en el desierto curvo que progresa
y se distancia.


III
RASGOS

Las nubes bajan o se convierten
en escudos para el lento martirio.

Todo se somete;  
hierven apeñuscadas raíces
en la tierra seca.

El aliento curvado de los hombres
carece de excelsitud o memoria;
claros días yacen como hojas aplastadas,
hay humo en los papeles.

Tibias señales giran en el viento
cuando el horizonte arde.


V
QUÉ OLEAJES

Qué oleajes pueden, de pronto,
de ti, de mí,
iluminar el sendero;
qué vertientes remotas ascienden
entre los graves vaivenes definitivos
y nos inclinan
a los rituales inalcanzables,
a las profundas mordeduras
de lo intangible?


VI
PAISAJE

Cae la tarde,
un profundo giro de luz enciende todas las alturas,
abre fuentes, sobre la comba pesadumbre
de los árboles.
Todo regresa en lentitud. El tiempo se extiende.
El nacer, el morir, se abren en la mirada,
los destellos,
en una suave cintura de horizontes derrumbados.


VII
LA POESÍA Y EL AIRE

El aire viene, impregnado, riente, suelto
y las leves orillas de su mundo se estremecen.

¿Quién se sumerge en él sin rozar su altura,
el bosque de iluminadas persianas hacia lo alto
que irradia,
el clima lúcido de danza en la fiesta perpetua
de sus ondas,
lo que anida de estelares anhelos
de confusas perlas innominadas,
lo que el hombre sabe más allá de su frente opaca,
atada a la ciudad de muros grises,
             de números y sigilos?


VIII
PEZ VOLADOR

En curva ciega salta de la espectral profundidad,
del verde alvéolo conmovido en la penumbra,
de la floresta sanguínea en escalas refractantes
al tenaz azul de la distancia, al miraje ondulado.

Surca el submarino desvelo, ojo tenso, horadante,
impulsado por el imán salino del aire, extraña red
de otro mundo salvaje, de incendios amarillos y totales.

Con certero ritmo inicia el arabesco, la danza
que ocultos instrumentos armonizan, que oídos
de infinito espiral pulsan en su equilibrio,
que alertas de níveos Nijinskys increíbles inspiran.



Selección de textos: Jmp. En: “Poemas. 1956 – 1964”, Editorial Biblioteca popular Constancio C. Vigil, 1966.
Rubén Sevlever (Rosario, 1932 – 2011).

viernes, 23 de septiembre de 2016

Charles Bukowski, Todavía puedo escribir un poema


EL DÍA QUE TIRÉ UNA CUENTA DE BANCO POR LA VENTANA

y, yo dije, puedes tomar tus tíos y tías ricos
y abuelos y padres
y todo su asqueroso petróleo
y sus siete lagos
y sus pavos salvajes
y los búfalos
y todo el estado de Texas
queriendo decir, tu explosión de graznidos
y tus caminatas de sábado a la noche por la rambla
y tu pequeña biblioteca selecta
y tus políticos coimeros
y tus artistas intelectuales
puedes tomar todo esto
y tu periódico semanario
y tus famosos tornadas
y tus sucias inundaciones
y todos tus gatos maullantes
y tu suscripción a Life
y, nena,
refriégatelos.
Yo puedo manejar un pico y un hacha (pienso)
y puedo ganar
25 dólares con una changa (tal vez)
claro, tengo 38 años
pero un poco de tintura puede arrancar el gris
de mi cabeza;
y todavía puedo escribir un poema (a veces)
no te olvides nunca de eso y aun cuando
no me haga ganar nada,
es mejor que esperar a la muerte y al petróleo
y asesinar pavos salvajes
y esperar que el mundo comience,

muy bien, atorrante, dijo ella,
vete.

¿qué? dije yo.
afuera. has dicho tu última fanfarronada.
estoy cansada de tus malditas fanfarronadas:
siempre actúas como un
personaje
de una pieza de O'Neill.

pero yo soy diferente, nena,
no puedo cambiar.

eres diferente, ¡muy bien!
¡Dios, qué diferente
no golpees la puerta
cuando salgas.

pero, nena, yo amo tu
dinero!

ni una vez has dicho
que me amabas a mí!

¿qué quieres
un mentiroso o
un amante?

no eres ni lo uno ni lo otro,
¡afuera, vago, afuera!

¡... pero, nena!

¡vuelve a O'Neill!

caminé hacia la puerta,
la cerré suavemente y me fui
pensando: todo lo que ellos quieren
es un indio de madera
que dice sí y no
y se para cerca del fuego
y no hace mucho lío.
pero te estás poniendo viejo, mi querido,
la próxima vez jugala
más cerca
del chaleco.



De: “Poemas de largo alcance para jugadores arruinados”. En: “Nueva Poesía U.S.A. De Ezra Pound a Bob Dylan”, Ediciones de La Flor, 1970. Traducción: Marcelo Covián.
Charles Bukowski (Alemania, 16 de agosto de 1920 – EEUU, 9 de marzo de 1994). 

jueves, 22 de septiembre de 2016

Gregory Corso, Quién cuidará de los gatos


SUICIDIO EN GREENWICH VILLAGE

Brazos abiertos
manos planas contra los costados de la ventana
Ella baja la vista
Piensa en Bartok, Van Gogh
Y los chicos del New Yorker
Cae

Se la llevan con un Daily News sobre la cara
Y un tendero arroja agua caliente en la vereda


SALOMA MARINA

Mi madre odia el mar
mi mar en especial
Le advertí que no lo hiciera
fue todo lo que pude hacer
Dos años después
el mar se la comió
Sobre la orilla encontré un raro
aunque delicioso alimento
Pregunté al mar si podía comerlo
y el mar dijo que podía
– Oh mar, ¿qué pez es éste
tan tierno y tan dulce?
– Los pies de tu madre.


QUERIDA MUCHACHA

Con la gente conforme
Lejos de los muebles pre-rafaelistas
Ocupo la casa
Dispuesto para comer contigo y dormir contigo

Pero cuando el espíritu conquistado se libere
Y señale una luz nueva
¿quién cuidará de los gatos?


En: “Poesía beat”, Ediciones Colihue, 2004. Traducción: Elvio Gandolfo.
Gregory Corso (Nueva York, EEUU, 26 de marzo de 1930 – Minneapolis, 17 de enero de 2001).

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Bob Dylan, Antes que la lluvia comience a caer


UNA FUERTE LLUVIA VA A CAER

¿Dónde has estado mi hijo
de los ojos azules?
¿Dónde has estado mi pequeño
querido?
He tropezado en el costado de doce montañas nubladas
He caminado y gateado en seis autopistas inclinadas
Me he parado en el medio de siete forestas tristes
He estado afuera de frente a una docena de océanos muertos
He estado diez mil millas en la boca de una tumba
Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte
Y es una fuerte lluvia la que va a caer.

¿Qué has visto mi hijo
de los ojos azules?
¿Qué has visto mi pequeño
querido?
Vi a un niño recién nacido con lobos salvajes a su alrededor
Vi una carretera de oro sin nadie en ella
Vi una rama negra con sangre que seguía cayendo
Vi un cuarto lleno de hombres con martillos ensangrentados
Vi una blanca escalera toda cubierta de agua
Vi diez mil conversadores con las lenguas todas rotas
Vi revólveres y espadas filosas en las manos de pequeños
Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte
Y es una fuerte lluvia la que va a caer.

¿Qué escuchaste mi hijo
de los ojos azules?
¿Qué escuchaste mi pequeño
querido?
Escuché el sonido del relámpago que bramaba advertencias
Escuché el rugido de una ola capaz de inundar al mundo entero
Escuché a cien tam-tams cuyas manos estaban incendiadas
Escuché a diez mil murmurando y nadie escuchaba
Escuché a una persona morir de hambre y a muchos reírse
Escuché la canción de un poeta que murió en el arroyo
Escuché los sonidos de un payaso que lloraba en el callejón
Escuché el sonido de una persona que clamaba ser humano
Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte
Y es una fuerte lluvia la que va a caer.

¿A quién encontraste mi hijo
de los ojos azules?
¿A quién encontraste mi pequeño
querido?
Encontré a un chico al lado de un pony muerto
Encontré a un blanco arrastrando a un perro negro
Encontré a una joven cuyo cuerpo se quemaba
Encontré a un joven que estaba herido de amor
Encontré otro hombre herido de odio
Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte
Y es una fuerte lluvia la que va a caer.

¿Qué harás ahora mi hijo
de los ojos azules?
¿Qué harás ahora mi pequeño
querido?
Me voy afuera antes que la lluvia comience a caer
Caminaré hacia las profundidades de la foresta oscura más profunda
Donde la gente es numerosa y sus manos están vacías
Donde las píldoras de veneno están inundando sus aguas
Donde la casa del valle encuentra la prisión húmeda y vacía
Donde el rostro del verdugo está siempre bien escondido
Donde el hambre es feo, donde las almas son olvidadas
Donde el color es negro, donde nada es el número
Y yo diré y lo hablaré y lo pensaré y lo respiraré
Y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas lo puedan ver
Entonces me pararé sobre el océano hasta empezar a hundirme
Pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantar
Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte
Y es una fuerte lluvia la que va a caer.




En: “Nueva poesía de USA. De Ezra Poubd a Bob Dylan”, Ediciones de La Flor, 1970. Traducción: Marcelo Covián. Tema incluido en el elepé “The Freewheelin' Bob Dylan”, 1963.
Bob Dylan (Minessota, EEUU, 1941).
“A Hard Rains Gonna Fall”, en vivo, 1963.

martes, 20 de septiembre de 2016

Alicia Eguren, Poema a los cabecitas negras


POEMA A LOS CABECITAS NEGRAS

Dejadme sonreír;
permitidme que sonría con la certidumbre manca de los hombres
bizcándome cada parte de nuestra humanidad.

Aquí, en Buenos Aires,
de acuerdo con la cartografía que yo apuntalo
se desparrama una fortaleza
de la cual siempre he hablado
y que morirá hablando
a través de mi cuerpo:
Buenos Aires.
Entre un río que golpea
desatinada y genesíacamente
todos los tiempos de la terrible felicidad humana.
Entre ese río y la dispersión rala
de los extramuros,
y después el campo,
la planicie de sedimento.
Dentro de este contorno polémico,
Buenos Aires.
Hombres polémicos
que estamparán su pena en la noche estrellada:
Buenos Aires.
… Y volcando,
desencadenando sus represas perfectas
el Norte ya cantado,
represas fijas al fondo,
al fondo de la tierra
por el cuño d Dios, no las obras de Dios,
por el esqueleto de Dios, no la revelación de Dios.
¿Por estos minutos huecos de tierra
debemos recomenzar la búsqueda?
Hemos palpado al nacer,
en nosotros,
glóbulos,
glóbulos perfectos
que impensadamente también
por estos espacios del mundo nuestro:
Buenos Aires.
Pero cuando el flanco se agita
con la final molicie,
cuando el descuajado talud se abandona
a su resbaladizo e incontenible fin,
el corazón que ama la plenitud
despliega su alarido
despeña su urgente necesidad de aurora,
y entonces el Norte
nuevamente
como también eterna
eternamente,
por los diminutos huecos de tierra
comienza a arrojar
las amontonadas
las contenidas represas
las infinitas gotas
los receptáculos del vino añejo;
cabezas,
cabecitas negras,
padres en los frutos válidos.

Dejadme sonreír,
permitidme que sonría…
¿Alguien,
algunos
acaso pueden
pueden todavía vencer a la Muerte?


En: “El talud descuajado”, Ediciones Sexto Continente, Buenos Aires, 1951.
Alicia Eguren (Buenos Aires, 11 de octubre de 1924 – Secuestrada-desaparecida desde el 26 de enero de 1977).
Imagen. Daniel Santoro. “Vacío y plenitud justicialista”. Óleo, 80 x 80 cm, 2006.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Pier Paolo Pasolini, Cuando la hipocresía te haya muerto


A MÍ

En este mundo culpable, que sólo compra y desprecia, el más culpable soy yo, asolado por la amargura.


A KRUSCHEV

Kruschev, si tú eres el Kruschev que Kruschev no es
pero que es puro ideal, ahora, esperanza viva:
sé Kruschev: sé ese ideal y esa esperanza:
sé como Bruto, que asesina un espíritu y no un cuerpo.


A LOS LITERATOS CONTEMPORÁNEOS

Los veo: existen, continuamos siendo amigos,
felices de vernos y saludarnos, en algún café,
en las casas de las irónicas señoras romanas…
Pero nuestros saludos, las sonrisas, las comunes pasiones,
son actos de una tierra de nadie, una… waste land,
para ustedes: un margen, para mí, entre una historia y la otra.
Ya no podemos realmente estar de acuerdo: tiemblo,
pero es en nosotros que el mundo es enemigo del mundo.


A G. L. RONDI

Eres tan hipócrita, que cuando la hipocresía te haya muerto,
te creerás en el paraíso, y estarás en el infierno.



Nota del coordinador del blog: El poema A G. L. Rondi, seguramente está dedicado al crítico cinematográfico italiano Gian Luigi Roni, nacido en Tirano un 10 de diciembre de 1921. Hasta el momento, vivito y coleando.
En: “Los mares del Sud y otros poemas. Pavese, Pasolini y otros”, CEAL, 1982. Versiones: Rodolfo Alonso.
Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 5 de marzo de 1922 – Ostia, 2 de noviembre de 1975). 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Alberto Szpunberg, La mujer que amo no es siempre la mujer que amo


XXVI.

La mujer que amo
no es siempre la mujer que amo.

A veces,
se parece tanto a la mujer que amo
que vuelvo a amarla
como si no la conociera.

Cuando estoy perdido
irrumpe en mis sueños
y me encuentra:
creo que dice mi nombre
para que yo crea que soy yo
pero yo soy otro que la ama.

A veces,
suelo equivocarme
la llamo por su nombre,
pero ella sigue de largo.

Como la casualidad rige sus pasos,
yo sé que viene hacia mí.

Cierra los ojos
hasta que encuentro en sus caricias
las líneas de sus manos
que descifran a tientas mi futuro.


XXVII.

No en el papel
escribo tu nombre,
sino en la trama del papel,
donde aún respira el bosque herido,
el desgarrado tapiz de la memoria.



En: “El libro de Judith, El Suri Porfiado, 2008.
Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940).
Imagen: Sandro Botticelli  “El nacimiento de Venus”, circa 1484–1486. Primer renacimiento, pintura al temple sobre lienzo, 1,72 m x 2,78 m. 

sábado, 17 de septiembre de 2016

Salvatore Quasimodo, Leo dulces versos de un antiguo poeta


MILÁN, AGOSTO DE 1943

Pobre mano, en vano buscas
entre el polvo, la ciudad está muerta.
Está muerta: sobre el corazón del canal
se ha oído el último disparo. Y el ruiseñor
cayó de la elevada antena del convento
donde cantaba antes del anochecer.
No cavéis pozos en los patios:
los vivos ya no tienen sed.
No toquéis a los muertos tan rojos, tan hinchados:
dejadlos en la tierra de sus casas:
la ciudad está muerta, está muerta.


19 DE ENERO DE 1944

Te leo dulces versos de un antiguo poeta,
y las palabras nacidas en las viñas,
las tiendas, al borde de los ríos
de las tierras del este, caen ahora
sombrías y desoladas
en esta noche profundísima
de guerra en que nadie atraviesa
el cielo de los ángeles de la muerte,
y el viento resuena como el estruendo de un derrumbe
cuando sacude las chapas que separan
aquí arriba los pórticos, y la melancolía
crece con los perros que aúllan en los huertos
a cada descarga de las rondas
por las calles desiertas. Alguien vive.
Tal vez alguien vive. Pero nosotros,
aquí, recluidos, escuchando esa antigua
voz, buscamos un signo que supere
la vida, donde aún entre las ruinas
de las tumbas, la mala hierba alza su flor.


De: “Día tras día”, 1947. En: “Carta a mi madre y otros poemas”, CEAL, 1988. Traducción: Eugenio y Gianni Siccardi.
Salvatore Quasimodo (Módica, Italia, 20 de agosto de 1961 – Nápoles, 14 de junio de 1968). Imagen: Milán, luego de los bombardeos, agosto de 1943.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Henri Michaux, Los indios de la selva no se tatúan


TATUAJES

     Los indios de la selva no se tatúan realmente. No se hacen marcas profundas en la piel.
     Se hacen un dibujo en la cara para ir a comer con sus amigos y lo borran al regresar. Todo el mundo ha notado que es una forma de vestirse. Algunos colores se ensucian en seguida, lo que para nosotros sería un inconveniente. Los turcos observaron sagazmente cuán indecente es el rostro. Se lanza por encima de la ropa y las miradas salen como locas. Todo lo malsano y lo bestial que tiene la piel desaparece cuando en ella se encuentran unos trazos o grillas. El rostro se vuelve intelectual antes que inteligente, se vuelve espiritual. Tranquiliza. Cuando mis indios estaban tatuados, siempre tuve la impresión de que entonces íbamos a poder hablar, salvo en caso de que el dibujo siguiera estúpidamente y engrosara los contornos de la cara y de sus componentes.
     No soy un gran profeta al decir que la raza blanca adoptará el tatuaje dentro de poco. Me dicen que el estado de ánimo actual se opone claramente a ello, entre otras cosas. Los profetas dicen: "Ya lo verán", y eso les basta, al igual que a mí.
     Añado solamente que el tatuaje, como todos los ornamentos, al igual que puede hacer que aparezca una superficie, con mucha mayor facilidad puede hacer que la superficie desaparezca, como un tapiz hace que desaparezca la extensión de una pared. Y ya es tiempo de hacer que desaparezca el rostro. Es en verdad imposible asumir un aspecto modesto con un rostro, a menos que éste haya sido especialmente arreglado para ello.


De: “Ecuador”, 1929. En: “Antología poética, 1927-1986”, edición bilingüe,  Adriana Hidalgo, 2002. Traducción: Silvio Mattoni.
Henri Michaux (Namur, Bélgica, 24 de mayo de 1899 – París, Francia, 19 de octubre de 1984). Imagen: dibujo de HM, detalle.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Paul Éluard, Ser a pesar de uno


SOLITARIO

Habría podido vivir sin ti
Vivir solo

Quién habla
Quién puede vivir solo
Sin ti
Quién

Ser a pesar de todo
Ser a pesar de uno

La noche se ha adelantado

Como un bloque de cristal
Me mezclo con la noche.


De “Las manos libres”, 1937. En: “Paul Éluard. Obras escogidas. Tomo 2 (1935-1947)”. Selección, traducción y prólogo de Marcelo Ravoni. Editorial Platina, 1962.
Paul Éluard (Francia, 14 de diciembre de 1895 – 18 de noviembre de 1952), pseudónimo de Eugène Grindel.

martes, 13 de septiembre de 2016

Henri Michaux, No hay ningún lugar donde apoyar la cabeza


¿DÓNDE APOYAR LA CABEZA?

Un cielo
un cielo porque ya no hay tierra,
sin un ala, sin un plumón, sin una pluma de pájaro, sin un vaho

estrictamente, únicamente cielo
un cielo porque la tierra ya no está

Después de la explosión de grisú en la cabeza, el horror, la desesperación
después de que ya no quedara nada, todo devastado, horadado, perdida toda salida

un cielo glacialmente cielo

Ahora obstruido, atascado, atestado de restos;
cielo a causa de la migraña de la tierra
desprovista de cielo

un cielo porque ya no hay ningún lugar donde apoyar la cabeza

Atravesado, encogido, recogido, recortado, descompuesto intermitente, irrespirable entre las explosiones y el humo
bueno para nada

un cielo en adelante irrecuperable


De: “Desplazamientos, desprendimientos”, 1985. En: “Antología poética, 1927-1986”, edición bilingüe, Adriana Hidalgo, 2002. Traducción: Silvio Mattoni.
Henri Michaux (Namur, Bélgica, 24 de mayo de 1899 – París, Francia, 19 de octubre de 1984). Foto: HM, s/d. 

lunes, 12 de septiembre de 2016

Antonio Porchia, Lo lejano, lo muy lejano, lo más lejano


VOCES

Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago, para que el universal equilibrio de que soy parte no pierda el equilibrio.


Quien ha visto vaciarse todo, casi sabe de qué se llena todo. 


La verdad tiene muy pocos amigos y los muy pocos amigos que tiene son suicidas. 


Trátame como debes tratarme, no como merezco ser tratado. 


No hallé como quien ser, en ninguno. Y me quedé, así: como ninguno. 


Dios mío, casi no he creído nunca en ti, pero siempre te he amado. 


Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo.


Una cosa sana no respira.


Han dejado de engañarte, no de quererte. Y te parece que han dejado de quererte.


Un rayo de luz borró tu nombre. No sé más quién eres. 


Cien hombres, juntos, son la centésima parte de un hombre. 


Lo lejano, lo muy lejano, lo más lejano, solo lo hallé en mi sangre.


Quien dice la verdad, casi no dice nada. 


Éramos yo y el mar. Y el mar estaba solo y solo yo. Uno de los dos faltaba. 


La tierra tiene lo que tú levantas de la tierra. Nada más tiene. 


Entra una nueva pena y las viejas penas de la casa la reciben calladas, no muertas. 


Quiero por lo que quise, y lo que quise, no volvería a quererlo. 


Sí, son millones de estrellas. Y millones de estrellas son dos ojos que las miran. 


Hablo pensando que no debiera hablar: así hablo. 


A veces creo que no existe todo lo que veo. Porque todo lo que veo es todo lo que vi. Y todo lo que vi no existe. 


Hay dolores que han perdido la memoria y no recuerdan por qué son dolores. 


Dirán que andas por un camino equivocado, si andas por tu camino. 


Y seguiré navegando por mares ajenos hasta naufragar en mi mar. 


El dolor no nos sigue: camina adelante. 


Cuando todo está hecho, las mañanas son tristes. 


El ir derecho acorta las distancias, y también la vida. 


El fenecer de un alma es leve, muy leve, casi silencio. 


Como me hice, no volvería a hacerme. Tal vez volvería a hacerme como me deshago. 


Quien no sabe creer, no debiera saber. 


Qué te he dado, lo sé. Qué has recibido, no lo sé. 


Cayó como un ala para no lastimarte.


Quien asciende peldaño a peldaño, se halla siempre a la altura de un peldaño.


Hallé lo más bello de las flores en las flores caídas.


La tragedia del hombre es mayor cuando se la deja caer. 


El sol ilumina la noche, no la convierte en luz. 


Ellos también son como yo, me digo. Y así me defiendo de ellos. Y así me defiendo de mí. 


Si nunca me olvidase de nada de lo que hay en ti, nunca hallaría nada nuevo en ti. 


VOCES NUEVAS

Todas las cosas pronuncian nombres.


El viaje: un partir de mí, un infinito de distancias infinitas y
un arribar a mí. 


La selección de textos de Porchia las realicé basándome en mis lecturas de hace 30 años atrás, marcadas con lápiz en una de las varias ediciones que poseo de “Voces”. Una manera de recuperar a ese lector que una vez fui, tan diferente al de ahora, con muchas más lecturas y, posiblemente, la misma pasión. jmp
En “Voces”, Hachette, Buenos Aires, décima edición, 1974.
Antonio Porchia (Conflenti, Italia, 13 de noviembre de 1886 - Buenos Aires, 9 de noviembre de 1968). Foto. Antonio Porchia. Lysandro Z. D. Galtier, 1964.