lunes, 23 de abril de 2018

Néstor Mux, Nueve poemas inéditos





SUEÑOS A RAS DEL SUELO

“de los sueños de
un hombre se podrá
decir cualquier cosa,
menos que no sean
la estricta verdad”
Ernesto Sabato

Piedras

Por el verde que rodea la escena
acaso fuere el fondo de la casa
o un rincón del Parque Saavedra.

De mi cabeza brota sangre
de una piedra al vacío
que lanzara mi hermano.

La vida y la realidad
arrojarían después
otras piedras más feroces.

Aquella, en este sueño que vuelve,
es recuerdo fraternal o caricia.


Sueño con ella

Sin pudor alguno
entro a su casa
cargando artritis
prótesis dentaria
y tejido adiposo notorio.

Ella está detenida en el centro
de su juventud
y de su belleza invencible.

Y conversamos
como si nuestra historia
nunca se hubiera interrumpido.
Como si el mundo recomenzara.


Almuerzo

Las voces queridas me llegan
desde muy lejos, confundidas.

Debajo de un álamo borroso
los amigos comemos, bebemos y reímos.

Uno de gorra o sombrero, me dice:

“¿Cómo estás entre nosotros
si todavía no te has muerto?”


Olores

En aquella época
mi padre se afeitaba
con una crema
de olor leve, único
y se iba a trabajar.

A veces sueño que lo espero
y que ese olor lo devuelve a casa.


Huecos

En las pruebas escritas
me dictabas los huecos a completar

ahora son tantos los huecos míos
que tu buena voluntad
no alcanzaría

aunque volvieras a vivir
y nos sentáramos en el pupitre
donde subrepticiamente
te acariciaba una rodilla

lejos, muy lejos ahora
de la necrológica del diario
donde te despiden tus hijas y tus nietos.


Soñé que sentía

Soñé que sentía
el gusto
y el espesor de la esperanza

que volvía a escuchar
a los otros
como en un principio

que mal o bien, era parte de un todo

que lograba una página decente

que los brazos de ella
me abrazaban
y el corazón –sin temores–
ardía otra vez.


Preguntas en el encierro

Encerrado en un ascensor detenido,
no acierto entre puro silencio,
asfixia o sábanas transpiradas.

¿Por qué no opté por las escaleras?
¿Por qué no desperté a tiempo?
¿Todavía me estará esperando?


Bares como sueños

Invitábamos o éramos invitados
pero nadie se quedaba con sed

conversaciones y confesiones
hasta la madrugada;
la discusión política
y el último libro descubierto
insondable como el mismo mundo

pero sobre todas las cosas
la expectativa de encontrarnos.


En posición horizontal

Sin razón alguna
tengo puesto unos zapatos sin uso.

Con los ojos abiertos
vería el techo
de una sala desconocida.

No oigo mi voz
ni las voces de los otros.

Todo indicaría
que esto fue todo
y la canción ha terminado.







Poemas inéditos que pasarán a formar parte de una segunda edición ampliada de Disculpas del irascible (Libros de la talita dorada, 2018); serie “Sueños a ras del suelo”.
Néstor Mux (La Plata, 1945). Fotos: Jmp

sábado, 21 de abril de 2018

Juan José Saer, Y hasta una nueva noche, el amanecer




LUCHA DE CLASES

La voz vendría a quedar, de esa manera, en suspenso. Y un trueno,
en su lugar, se dejaría oír, en la casa de la historia,
poniendo, como quien dice, un temblor,
hasta en los rincones más escondidos o más frágiles. Que la voz,
más bien, ininterrumpida, acompañe la explosión, la haga más que ruido,
dotándola de una dimensión de modestia, de error o soledad,
de modo tal que la finitud complete las estrellas codiciadas.
Y porque, también, pasado el estruendo, en el silencio que,
por obra de alguna revisión pudiese, gélido, imperar,
esa voz finita y sin fin siga sola cintilando hacia el cielo,
de modo tal que ayude, en la noche eventual,
a romper, o a desplegarse más bien,
firme, y hasta una nueva noche, el amanecer.



En El arte de narrar (Poemas, 1960-1987), Editorial Planeta, Seix Barral, Buenos Aires, 2000.
Juan José Saer (Serodino, Santa Fe, Argentina, 28 de junio de 1937 – París, Francia, 11 de junio de 2005). Foto: Jmp

viernes, 20 de abril de 2018

Roberto Glorioso, Manojos del más allá con su lámpara



Astillas

LÍNEA DE FUEGO
1
Mientras
escurre una madeja de intemperie
apuesta su espejismo
        en la muralla del ángel.

3
Pájaros
como travesía
sobre la mutilación de sus alas.


OFICIO DE COMPLICIDAD
10
Sobre las paredes blancas
vician el humo
de lo que fue su casa.

18
Todas las puertas
esperan al desconocido
en raciones de llaga.


SEPIA
24
Después del escalón
hay una jungla que fue desierto.

Se disparan bocas por mordiscos.

Si alguien hace blanco
dibuja el paraíso.


NOTAS LASTIMADAS
28
Dónde arrinconar esa sombra
que preña un animal
con pelaje de túnel.

34
Desnudo
explora su fragilidad
incestuosa
con la muerte.

35
Un buitre merodea
lo que nunca alcanza de la fiesta.


Tierra no prometida

INSINUACIÓN DE LO SAGRADO
3
Durante la cacería
habla
del agobio de la muerte
que eyacula
en sus armas.

8
Palpa
las cavernas del vacío.

Es el mismo ademán
de quien sutura
la puerta de su celda.


MÁSCARAS SIN REVERSO
16
Todo a ciegas.

Sin descifrar
manojos del más allá
con su lámpara.

28
Aquí ocurre el mundo.

Donde muere sin tregua
lo que amamos.


MURAL Y ESPEJISMO
29
Se anunció una llegada de perros.

Cada uno con un ciego.

La complicidad de
colmillos
pudo más
   que el desconcierto.




Recibía sus libros por correo postal. Tuvo la generosidad de publicar en un diario de Azul algunos de mis textos: poemas, relatos, artículos. Hoy partió a un lugar o no lugar al que estamos, todos, destinados. El poeta y sus poemas quedan con y en nosotros.
En Astillas, Nuevo Hacer, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 2004; en Tierra no prometida, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 2008.
Roberto Glorioso (Azul, provincia de Buenos Aires, 1951 – 20 de abril de 2018). Foto: Jmp

lunes, 16 de abril de 2018

Alberto Pipino, Vacuos reclaman por una poesía a secas




UNA ESPERANZA CUADRADA EN LA ORILLA

I

de los dedos de esa mujer que tañe su vientre vacío
nació un pañuelo blanco para enjugar la soledad
baldosa de hilo por donde se desequilibra el poder
y la esperanza transita su grito que rompe el marco

en ese pañuelo blanco cabe todo el país desaparecido
trapito al sol con la ternura desplegada
género humano que golpea al viento en tanta búsqueda
y todas las puertas continúan en silencio

la campana incendia sin pausa el corazón blanquísimo
puebla de llamaradas la cuna vacía del pueblo
hueco por donde hila el dolor su himno
y la rabia habita cada despliegue del pañal


V

los pañuelos ya no sirven para enjugar las lágrimas de mis país
desde hace una historia son una bandera blanquísima pero no de paces
estandarte de guerras contra el olvido en cada barricada de la memoria
iza tembloroso de bronca el paisaje de la ausencia impuesta por las bestias

por más colores y diseños que adornen ahora a los pañuelos en las ondas del disimulo
aunque los importen de parís o de Londres o de nueva york y sean pura seda para negar
por el cuadradito de la luz entra el pueblo en busca de sí sin cesar
y salen nombres y rostros y fechas de nubes palomas jazmines y piedras

de estas nubes cuadradas que pueblan mi cielo bajará la lluvia
de estas palomas cuadradas que vuelan en mi país se mueve la libertad
de estos jazmines cuadrados que florecen en nuestro camino
de estas piedras cuadradas que arrojan las madres es el futuro que aparecerá


AGUJERO I

Pasamos entre los dedos
entre los pelos, silbando
hacia el sumidero
en su busca.

Un soto, un imaginario
cuerpo debajo del ángulo
cada vez peor. Un hedor.
Y aunque otro icono no haya
en la fluidez
del derecho al revés
la muerte talla su ídolo.

Pasamos entre los pedos
entre los miedos, hacia el bebedero
en su mueca brilla una meca.
La mandíbula, arco superciliar
una muesca
muela cariada
deja en el aire esa expresión inequívoca
cierto desencajamiento de los huesos de la cara
del que busca un sesgo rápido, circulando.

Vacuos reclaman por una poesía a secas
huyen de la humedad del verso
dejan sus residuos, laboriosamente.

Estoy aquí deshojando un alcaucil
mientras un vaso estalla
en una de mis cavidades
sin horizonte, la marea avanza.
Aún no llegamos. Mansa
abre su agujero menor.


AGUJERO XI

La sombra de un perro
tapa el amanecer
la oscuridad quema mis naves
la leche rebasa los agujeros amados.
En los trasfondos, la verdad es liviana
xenofobia de hondas raíces.
Acabo. Temo que la realidad
se convierta sólo en ideas
pocas sensaciones mecánicas.
Detrás del ladrido de un perro
se destapa el nacimiento del amo
que canta por su cuenta.
Los agujeros desarmados
disputan el hueso
con el dogma.
Su gemido se ahoga en la tibieza.
El mío desahoga en una sed
que se aleja por los pasadizos.


Los poemas I y II forman parte del libro Nada por el estilo, Libros de Tierra Firme, 1985. Agujero I y XI, de Agujero, Ediciones de la Aguja, 1993. Selección: Jmp
Alberto Pipino (Buenos Aires, 1942). Foto: Jmp

viernes, 13 de abril de 2018

Héctor Miguel Ángeli, De un poeta solo sabemos que muere si no arde





UNA MARIPOSA EN LA LÁMPARA

¿Quién es un poeta?
¿El que reparte el fuego,
el domador,
el niño de la calle?
Miremos la luz:
agitada por la mariposa
más visible nos parece.
Su congestión vivimos.

De un poeta solo sabemos
que muere si no arde.


LA CACERIA 

Pero el ciervo alzó la cabeza
mientras caía el bosque en la bala.
Y más aún alzada,
la cabeza asumió el equilibrio.
Extraña duración en la que
todos
quisieron retornar al frenesí


PUEBLO

Todo lo inventa,
sobre el agua del horizonte,
un crepúsculo sostenido
por cuatro cables.


EL ARROYO

Déjame por la mañana,
entre los ríos del sauce
                                  y tu silencio.
Déjame donde una pequeña orilla
de alegría
recuerde tu instante,
entre las barcas del cielo
                                   y tu silencio.

Déjame donde termino de llamarte.


LA SEÑORA ALICIA QUE ARREGLA ZAPATOS

La señora Alicia que arregla zapatos
recibe caminos de todos los días.
La señora Alicia se llena de polvo.

¡Cuánta compañía! ¡Cuánta compañía!
La señora Alicia parece feliz.
Cada taco roto le presta barrancas.
Cada tachuelita le recuerda un trébol.

La señora Alicia parece feliz.
Desde su pupitre sonríe a las muecas
que en el suelo ensayan los mimos del pie.

Como no hay ventanas, muchas veces canta.
El betún y el cuero le sirven de coro.
Vuela la canción, mientras abajo, cerca,
la señora Alicia se llena de polvo.


MI MADRE ADVIERTE LA GIBA DE PLATA

Madre, te has quedado sola...
y sé que te comprendo,
pues en estos días
ya alcancé tu edad.
No puedo decirte qué me pasa.
¿Viste? Se nos muere todo.
Los astros se apagan en la noche
y la mañana pesa siempre más.
Si cierro la puerta de mi cuarto
no te aíslo, al contrario...
en estos días, como un gran recuerdo,
te quiero abrazar.
Ayer, por ejemplo, y era ya muy tarde,
mientras escribía,
retóricamente te pregunté al fin:
¿qué auxilio hay para los tristes?
Y apenas murmuraste:
papá no volverá....


AL PEZ DE UNA PECERA

Por la irisada cuenca de tu vidrio
giras y giras la obsesión ceñida
del artificio glauco a que te obligan.

Un gajo de satén en tu ropaje.
Y el agua breve, la hierba desteñida
y unas piedras que siempre reconocen
el muelle de la casa y la memoria

de ultramarina bóveda incesante.
Te permiten así pez de pecera
y aún si juegas mal, no te despliegan.

Y sin embargo, mientras todo duerme
y unas pocas algas trae la luna
y mueven blandos buques las cortinas,
el mar que no posees te sustenta.


CON LOS PIES NOS VAMOS

No quiero que me levanten los pies para morirme.
Que me alcen las manos, eso sí,
hasta la desembocadura de los astros.
Pero no quiero que me levanten los pies para morirme.
Con las manos hacemos la ternura y la nostalgia,
Con los pies nos vamos.
Y cuando me vaya,
quiero ser toda mi despedida.

Porque estoy traspasado de materia,
de materia inflamable y aleatoria
que no me deja en paz, que me persigue
y que no quiero olvidar cuando me vaya.

Las cosas están altas y en la altura se arrastran.
Todas las cosas son, se me parecen:
el sueño intestinal del ave,
la orquídea en el vientre de los muertos.
Debo irme con ellas,
transportadas por esta permanencia.
Tan grande es el dolor de nuestra marcha,
tan grande y tan amigo,
que no quiero que me levanten los pies para morirme.
Quiero ser todo el que fui cuando me vaya.


De las antologías de poesía argentina: Antología de la Poesía Argentina (Ediciones Librerías Fausto, Tomo II, 1919-1930, 1979); Generación Poética del 50 (Ediciones Culturales Argentinas, Ministerio de Cultura y Educación, 1974); Los Nuevos (CEAL, 1968) y La Poesía del cincuenta (CEAL, 1981).
Héctor Miguel Ángeli (Buenos Aires, 1930 - 12 de abril de 2018). Foto: Jmp

jueves, 12 de abril de 2018

Rubén Derlis, Conocí algunos poetas que soñaban ser Rimbaud


ALLÁ POR MI JUVENTUD

Allá por mi juventud
conocí algunos poetas
que soñaban ser Rimbaud
y no eran ni ellos mismos,
pues todo cuanto escribían
estaba rozando el plagio
o era un mar de confusión.

Cuando llegaron los años
de no poder ser Rimbaud
porque calvicie y abdomen
denunciaban ser mayor,
plantaron líneas insulsas,
palabras sin emoción,
pensamientos repetidos
o edulcorada canción,
amontonando asonancias
sin poder hallar la voz.

Y todo por la manía
adolescente, obsesiva
más la pérdida de vida,
por un disfraz de Rimbaud.


SIMPLE

Despojada de palabras te revelás en plenitud.
Libre de ellas lucís incomparable.
Es pálido oropel toda metáfora.  
La imagen más lograda no logra reflejarte.
Con tu desnudez de cuerpo y alma
existís para reafirmar la alegría.

Contémplala, poeta, y llámate a silencio.



El primer poema es de Desde estos años (2017). El segundo poema es de Sin cable a tierra (EPC, 2005).
Rubén Derlis (Buenos Aires, 12 de abril de 1938). Foto: Jmp

lunes, 9 de abril de 2018

Gianni Siccardi, Es tan hermosa que la tierra llora de gratitud



ELLA ES

Ella es
ella vive
ella existe.

Ella sabe
ella siente
ella ve.

Ella da
ella toma
ella abre mis ojos.

Ella trae
ella viene
ella tiene la fuerza de la ley.

Ella espera
ella llega
ella pone su mano en mi alma.

Lámpara
piedra
llama
ella existe
ella vive
ella es.


RETRATO

Ella es tan frágil
que el agua se deshace
entre sus manos.

Ella es tan libre
que el tiempo la espera
con impaciencia.

Su sombra es tan rápida
que el sol pierde
su consistencia.

Sus ojos son tan profundos
que se unen
en el porvenir.

Sus gestos son tan verdaderos
que pertenecen
a todos.

Su pensamiento es tan silencioso
que las palabras
entregan su fragancia.

Sus sueños son tan exactos
que la noche despierta
a su alrededor.

Su destino es tan inexplicable
que nunca es
demasiado tarde.

Ella es tan hermosa
que la vida la estrecha
entre sus brazos.

Es tan hermosa
que la tierra llora
de gratitud.




En Ella y otros poemas, Ediciones Último reino, 1999.
Gianni Siccardi (Banfield, provincia de Buenos Aires, 27 de septiembre de 1933 – Buenos Aires, 29 de noviembre de 2002). Foto: Jmp

miércoles, 4 de abril de 2018

Juan Gelman, El día que el corazón aprenda a leer y a escribir



SABERES

Pasé por el árbol que da flores blancas en invierno
y supe
que moriré antes que él.
En mi puerta el sol dora
pasados por venir.


VACÍOS

Anochece en la madera y mi padre
sucede, marca
distancias en los
vacíos de la lengua.


PÁJAROS

Estos pájaros vienen del sur.
Tienen razón.
Tener razón es un error.
Barcos, barcas, la mano.
El río gris de los gorriones
viene del ser no del sur.
Estos pájaros vienen del sur.


CAMARONES

A Gonzalo Rojas

Esto se ha vuelto un poema largo,
un amor largo:
ella entra al supermercado Wall-Mart,
como hay que decir en la poesía de hoy, 
me harta la poesía de hoy,
ojalá fuera de ayer o de mañana,
nombrar el mundo bautizado
es más triste que la tristeza, sin embargo
ella marchita al duelo cuando entra
al supermercado Wall-Mart y ve
camarones en una bandeja
contra los rojos de la carne, crudos,
baratos, treinta pesos, y ve
su fino gris, los compra
y en la cocina de la casa,
en sus aires que merecen una felicitación y 
el séquito del café lava un mundo
donde el reloj ni piensa en su catástrofe,
ella se sentó, los peló, los marinó
en soya, ajo, salsa de ostras, unos chiles antiguos,
los dejó navegar hacia una playa 
en la que Judas nunca pudo entrar,
les puso un rebozo blanco con
los reclamos del huevo y de la sal, y
los frió mientras olvidaba
cigarrillos prendidos en una teoría política.
Así recuerda que me ama.
Las frutas del mar viven oscuras
en la extinguida eternidad.


LECTURA DE POEMAS CON PÚBLICO

Todo se cuestiona, el texto
leído, el acto
de leer, su conversión
en labios duros.
El momento del texto no es
el contratexto leído y
qué felicidad o desdicha
pasa entre ellos, quién sabe.
¿Habrá puentes ahí para
no caer del pulmón hablante
al suelo del callado?
Se puede elegir la aflicción,
pero no sirve para nada.
Lo que sirve es el pájaro de siempre
en la rama de siempre que
hace viento en la existencia, dice
que nadie sabe cómo pasa el recuerdo
para decir que la amás.


OPINIÓN

Los poemas escritos en
estado de frialdad tienen
una ventaja: están escritos
en estado de frialdad. El odio
del vecino no entra ahí, ni el vecino
atado a su odio y
se puede alabar las bellezas del paisaje.
Alabar es una palabra rara, lleva
del ala al bar donde
el estaño está mudo.
Los poemas sin sangre
tienen una ventaja:
no tienen sangre, ni
sacudones mortales o inmortales, ni
la imperfección, la suciedad
de todos. Eso cae y nada
perturba a la tierra.
A los poetas que practican esa visión y
sin duda escriben hermosos poemas,
habría que levantarles una estatua
ciega que no se vea.
Es bello su no estar.
Todo está bien afuera
de todo lo que está mal, intocado y
lejos de la escritura, lejos,
en un canto bajito.


EL MENOS PENSADO

El día que el corazón aprenda a leer y a escribir
se verán cosas grandes:
a Dios barriendo la vereda,
lágrimas arrojadas al espacio
que nunca volverán,
los que sufren pasarán sonriendo y
las intenciones de la atención 
harán que florezcan jazmines y otras
ilusiones de la naturaleza.
Será un gran día, encontrarán
la palabra que se perdió
hace millones de dolores.
Véase lo que pasa:
el día que vino y se fue
será un gran día.


En País que fue será (México, 2001-2002), Seix Barral, 2004.
Juan Gelman (Buenos Aires, 3 de mayo de 1930 - México, D. F., 14 de enero de 2014). Foto: Jmp