lunes, 24 de julio de 2017

Arnaldo Calveyra, La primera estrella traspasa la ventana



COSTUMBRES DE LA CASA

La primera estrella
traspasa la ventana
y descansa del viaje
en el centro de la mesa.

Jarra fresquita
olorosa a primavera,
ropero
de la pieza de al lado
–un traje persiste
en el olor de la muerta-,

silla que mira al campo.

Campo.

Colonias de malvones
golpean a las puertas.

Si Virgilio viviera
diría
lo rosadas que parecen esas nubes.

El alma ya pronta
a la muerte por sueño.

Te llevaré la mañana temprano
en un vaso de agua.


EN SEGUIDA DE LA INFANCIA

En seguida de la infancia
está morir
sigue la muerte
un dedo titubea
se apacigua
en mitad de los labios
queda la casa
abierta,
afueras nunca afueras
por todo
puertas de la casa
la palmera,
la anochecida blanca
abrazada a palmeras
quieta, quietas.


En: City Bell, Hechos & Personajes, nº 97, semana del 27 de septiembre al 3 de octubre de 1997.

Arnaldo Calveyra (Mansilla, Entre Ríos, Argentina, 23 de febrero de 1929 – París, Francia, 16 de enero de 2015).

jueves, 20 de julio de 2017

Eugenio Montale, La tierra será vigilada desde plataformas astrales



EN VITRINA

     Los pájaros de mal agüero,
búhos o lechuzas, viven solamente
en casbas desnutridas o embalsamados
en los escaparates de misántropos. Ahora bien,
puede ocurrir incluso que la golondrina
haga nido en un caño y un imprudente
muera asfixiado. Es un accidente
raro y no modifica el cuadro.

Casbas: semejante a nuestras Villas Miserias.


LA ESPÁTULA

     ¿Crees que el pesimismo
ha existido de veras? Si miro
a mi alrededor no hay ni restos.
Dentro de nosotros, además, no hay ni una voz
que se lamente. Si lloro es un contracanto
para enriquecer el gran
País de Jauja que es el mañana.
Hemos rascado bien con la espátula
la menor erupción del pensamiento. Ahora
todos los colores exaltan nuestra paleta,
excluido el negro.


ALLÁ ABAJO

     La tierra será vigilada
desde plataformas astrales

Más o menos probables se ejecutarán
abajo las matanzas

Desaparecerán profetas y profecías
si alguna vez los hubo

Desaparecerán el yo el tú el nosotros el vosotros
del uso

Decir nacimiento muerte comienzo fin
será todo uno

Decir ayer mañana
un abuso

Esperar – flatus vocis que nadie
comprenderá

El creador tendrá poco que hacer
si alguna vez lo tuvo

A los santos será necesario buscarlos
entre los perros


Los ángeles permanecerán imborrables
erratas.



De: Sátura, 1971. En: Eugenio Montale. Antología, Fabril Editora, Buenos Aires, 1971. Traducción: Horacio Armani.

Eugenio Montale (Génova, Liguria, Italia, 12 de octubre de 1896 - Milán, Lombardía, 12 de septiembre de 1981).

miércoles, 19 de julio de 2017

Robert Desnos, Tanto soñé contigo



TANTO SOÑÉ CONTIGO

Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizá ya no podrían adaptarse al contorno de tu cuerpo.
Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años,
seguramente me transformaré en sombra.
Oh balances sentimentales.
Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar. Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente y tus labios que los primeros labios y la primera frente que encuentre.
Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

A la mystérieuse (Corps et Biens, 1930).


ÚLTIMO POEMA

Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.

(Domaine Public, 1953).
“Fue el último poema escrito por Desnos. Se lo encontró sobre su cadáver; está dedicado a su mujer Youki, y retoma el tema del conocido poema de la serie “A la misteriosa”…”.

“Robert Desnos nació en París el 4 de julio de 1900. Murió el 8 de junio de 1945 por la desnutrición y el tifus en el campo de concentración de Terezin (Checoslovaquia) adonde lo habían llevado los alemanes en su retirada con los reclusos del campo de Buchenwald. Militó en la resistencia durante la ocupación alemana en Francia. Fue capturado y enviado al campo de Buchenwald. Su muerte se produjo a los pocos días de ser liberado por las tropas rusas. (…) Desnos que supo exaltar en algunos de sus primeros poemas el amor ideal, tuvo la suerte de encontrar en su mujer, Youki, esa experiencia del amor único y total que es la culminación del amor surrealista.”

En: Aldo Pellegrini. Antología de la poesía surrealista, Argonauta, Barcelona, segunda edición 1981 (primera edición 1961). Traducción: Aldo Pellegrini.

martes, 18 de julio de 2017

Günter Grass, Vivimos en un huevo



LA BATALLA NAVAL

Un portaaviones norteamericano
y una catedral gótica
se hundieron
en medio del Océano Pacífico
uno al otro.
Hasta el final
el joven vicario tocó el órgano.
Ahora aviones y ángeles están suspendidos en el aire
y no pueden aterrizar.


EN EL HUEVO

Vivimos en un huevo.
Hemos borroneado con dibujos indecentes
y los nombres de nuestros enemigos
el lado interior de la cáscara.
Somos incubados.

Sea el que sea el que nos incuba,
a nuestro lápiz incuba también.
Al salir algún día
nos haremos de inmediato
una imagen del que incuba.

Suponemos que somos incubados.
Nos imaginamos unas aves bondadosas
y escribimos composiciones
sobre color y raza
de la gallina que nos incuba.

¿Cuándo salimos?
Nuestros profetas en el huevo
se pelean con remuneración mediocre
por la duración del tiempo de la incubación.
Suponen un día X.

Por aburrimiento y verdadera necesidad
hemos inventado máquinas incubadoras.
Nos preocupamos mucho por nuestros hijos en el huevo.
Con mucho gusto recomendaríamos a aquella que cuida de nosotros
nuestra patente.

Pero nosotros tenemos un techo encima de la cabeza.
Pollitos seniles,
embriones con conocimiento de idiomas
hablan todo el día
y discuten aun sus sueños.

¿Y si no somos incubados?
¿Si esa cáscara nunca llega a tener un agujero?
¿Si nuestro horizonte sólo es el horizonte
de nuestros garabatos y también quedará?
Esperamos estar siendo incubados.

Aunque ya no hablamos más que del incubar
queda por temer, que alguien
fuera de nuestra cáscara, sienta hambre,
nos eche a la sartén y nos ponga sal.
¿Qué vamos a hacer entonces, hermanos en el huevo?



En: Poesía Alemana de Hoy 1945-1966, Sudamericana, Buenos Aires, 1967. Traducción: Rodolfo Alonso y Klaus Dieter Vervuert.

Günter Wilhelm Grass (Ciudad libre de Dánzig, actual Polonia, 16 de octubre de 1927 - Lübeck, Alemania, 13 de abril de 2015).

viernes, 14 de julio de 2017

Ingeborg Bachmann, País de niebla he mirado, corazón de niebla he comido



EL TIEMPO PRORROGADO

Días más duros vendrán.
El tiempo prorrogado hasta nuevo aviso
aparece en el horizonte.
Pronto tendrás que atarte los zapatos
y ahuyentar los perros hacia las fincas cenagosas.
Pues las entrañas de los peces
se enfriaron en el viento.
Pobremente arde la luz de los lupinos.
Tu mirada rastrea en la niebla:
el tiempo prorrogado hasta nuevo aviso
aparece en el horizonte.

Más allá se te hunde la amada en la arena
que le sube por el volante cabello,
le corta la palabra,
la manda callarse,
la encuentra mortal
y lista a la despedida
después de cada abrazo.

No mires atrás.
Ata tus zapatos.
Ahuyenta los perros.
Tira los peces al mar.
¡Apaga los lupinos!

Días más duros vendrán.


PAÍS DE NIEBLA

En el invierno mi querida está
entre los animales del bosque.
Que antes del alba debo volver
sabe la zorra y se ríe.
¡Cómo tiemblan las nubes! Y a mí
sobre el cuello de nieve me cae
una capa de hielo quebradizo.

En el invierno mi querida es
árbol entre árboles e invita
a los infortunados cuervos
a su lindo ramaje. Sabe
que el viento al oscurecer
levanta su tieso, escarchado
vestido de noche, y me espanta a casa.

En el invierno mi querida está
entre los peces, muda.
Esclavo de las aguas, que la línea
de sus aletas mueve desde adentro,
estoy de pie en la orilla y miro,
hasta que los témpanos me apartan,
como se sumerge y gira.

Y otra vez tocado por el grito de caza
del pájaro, que atiesa sus alas
encima de mí, caigo
en campo abierto: ella despluma
las gallinas y me pasa una
clavícula blanca. Me la pongo al cuello
y me voy por el plumón amargo.

Infiel es mi querida,
yo sé, que a veces flota
con tacos altos hacia la ciudad,
besa en los bares con la pajita
hondamente a los vasos en la boca
y le vienen palabras para todos.
Pero ese idioma no lo entiendo.

País de niebla he mirado,
corazón de niebla he comido.



En: Poesía Alemana de Hoy 1945-1966, Sudamericana, Buenos Aires, 1967. Traducción: Rodolfo Alonso y Klaus Dieter Vervuert.

Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, Austria, 25 de junio de 1926 – Roma, Italia, 17 de octubre de 1973). 

lunes, 3 de julio de 2017

Paul Celan, Cavaron



HABÍA TIERRA EN ELLOS

y cavaron.

Cavaron y cavaron, así pasó
su día, su noche. Y no loaban a Dios,
quien, así escucharon, quería todo eso,
quien, así escucharon, sabía todo eso.

Cavaron y no escucharon nada más;
no llegaron a ser sabios, no inventaron ninguna canción,
no se idearon ningún lenguaje.
Cavaron.

Vino una calma, vino también un viento, vinieron los mares todos.
Yo cavo, tú cavas y la lombriz cava también,
y lo que canta ahí dice: Cavan.

Oh uno, oh ninguna, oh nadie, oh tú:
¿Adónde se iba, ya que no se iba a ninguna parte?
Oh, tú cavas y yo cavo, y me cavo hacia ti,
y el anillo se nos despierta en el dedo.


SALMO

Nadie nos amasa nuevamente de tierra y barro,
nadie bendice nuestro polvo.
Nadie.
Loado seas, nadie.
Por agradarte queremos
florecer.
A tu encuentro.

Una nada
éramos, somos,
permaneceremos, floreciendo:
la rosa-nada, la
rosa-nadie.

Con
el pistillo de alma luminosa,
el estambre de cielo yermo,
la rosa corona
de la palabra purpúrea que cantábamos
encima, oh encima
de la espina. 


 

En: Poesía Alemana de Hoy 1945-1966, Sudamericana, Buenos Aires, 1967. Traducción: Rodolfo Alonso y Klaus Dieter Vervuert.

Paul Celan (Csernowitz, Rumanía, 23 de noviembre de 1920 - París, Francia, 20 de abril de 1970). Foto: Jmp

miércoles, 28 de junio de 2017

Saúl Pérez Gadea, Un mudo triste, donde el cinismo crece


CARTA A LA MADRE

Madre querida: te escribo en esta noche
lejos del mar y cerca de los hombres.
La ciudad como siempre se mueve en torbellino,
y en sus muros, América rompe olas de sangre.
Madre, hay viejos traidores que invocan a las masas
y poetas que mueren de pobres soledades:
se les mata de noche o se les deja ciegos
en medio de las luces de nuevas primaveras.
Estoy confuso, madre. Algo que yo creía
firme como la roca, se me escapa en la sombra,
íntimas cercanías se me vuelven lejanas.
Escucho andar los hombres con millones de pasos;
el petróleo chorrea sobre la faz del mundo.
Y mil enormes frisos de brillantes aceros
mueven furias y espadas, mueven cascos y espantos.

Madre, del viejo mundo con olor a pesebre,
de la ternura límpida del río comarcano,
llegan sólo recuerdos.
Un viento como punta desgarra las raíces;
negras banderas cuelgan; en cada espacio cabe
la estatura de un muerto.
Una bala gotea, una espina se clava
y una vida en virutas de fuego se derrama.
Sobre el hueco del mundo van cayendo
pesadillas nocturnas, cataclismos,
laberintos sombríos.
Todo es la locura organizada.

Los rascacielos matan, matan hombres,
matan flores y casas y recuerdos.
Los hombres y mujeres se unen y desunen
como sucias barajas.

Este es un mudo triste, donde el cinismo crece,
y su sonrisa fría de labios apretados,
aparece en la prensa, se escucha en la radio.
Este es un mundo triste, goyesco y arrumbado.
Madre, hasta la luna, como un reloj de hielo
desmenuza la noche sobre los campanarios.
Nadie duerme y espera, nadie ama ni sueña.
Chorrea la neblina, se derriten los árboles.
Cascarones de sombras se extienden por el llano;
por ese llano inmenso, polvoriento y lejano
van pasando los mitos.
Moisés cubierto todo
por un enjambre negro;
Júpiter sin corona;
Jesús desenclavado.

Es una historia triste, que te escribo de noche.
Desde una calle fría llega la voz de un tango.


ESTOY SOLO

Caliente como un llanto, la tarde gris de plomo
extiende su alameda junto a mi ser cansado.
En mi casa no hay eco que no te reconstruya,
en mi casa no hay sitio que tú no hayas tocado.

Cuelgan hojas oscuras, la calle aquí se apaga.
De un lado de la lluvia emerge el campanario.
Estoy solo. Estoy solo. Cruzan delante mío,
como un film polvoriento,
todas tus actitudes
y tu vestido blanco.

He tomado la lluvia con mis manos abiertas.
Un aire oscuro, oscuro, toca mi sien, mojado.
Cuelgan hojas oscuras del vidrio neblinoso;
la tarde y tú se juntan detrás del campanario.


MIRO MI ROSTRO

Miro mi rostro que está envejeciendo.
Mi voluntad se ha muerto.
Miro mi rostro y pienso.
Por las calles del pueblo
cae la noche en goteras.
(En este pueblo oscuro
nunca sucede nada).
Miro mi rostro, miro
mis manos, miro
mi corazón y espero.
Hastío, las paredes
pegadas a mi hastío;
y la lámpara eléctrica
en el calor del aire,
y la chorreante lágrima
de una ventana abierta.
Miro mi rostro amargo;
siempre es la misma y mía
la eterna luz, la eterna calle fría;
el pasto sobre el polvo
y el polvo está en sí mismo.
Miro mi rostro que está envejeciendo.
(Mis tías me preguntan
si no me caso o viajo).
Miro mi rostro y nada, miro mi rostro
y sigo.


CANSANCIO

Cansancio. Cómo suena este nombre
vertical y de vela consumida.
De siesta ardiente y en un pueblo oscuro
viendo subir la noche calle arriba.
Ahora sí se elevan desde el polvo
los baldíos poemas prometidos.
Se pasean mujeres que son humo
tragando el aire de la plaza fría.
Y acá sobre la curva del planeta,
al borde del tejado,
sobre las sombras de las mismas piedras,
como una lluvia mansa que desgasta,
se extiende y cae el alba prometida.
Cansancio. Cómo decir tu nombre,
escribirlo en el muro con un clavo,
grabarlo sobre el hueso del sonido
o el barrote de cal,
a sangre viva.
Esperar a que cabe el cielo raso
y a que el sexo marchito
frío se suicide.
Cansancio. Siento crecer en mí,
sobre mi tumba, el pasto seco
y el final olvido.


Estos poemas aparecieron en febrero de 1975 en la revista montevideana Nexo. Los extraje de la Colección de poesía rosarina El Búho Encantado, hoja nº 7, abril de 1980.
Saúl Pérez Gadea nació en la ciudad de Paysandú, Uruguay, en 1929, y murió en Montevideo en 1969. Foto: Jmp

martes, 27 de junio de 2017

Juan L. Ortiz, No estás debajo de la mesa, mi amigo


NO ESTÁS…


No estás debajo de la mesa,
no estás en la terraza,
no estás en la cocina,
no andas debajo de los árboles.
Pero veo tu sombra, mi amigo,
tu fina sombra mirándome.
Ah, mirándome,
con esa mirada tuya, melancólica
pero dulcemente feliz
de sentir en tu ser
la onda de la mía…

Los dos, unos momentos,
nos mirábamos antes
hasta que me turbaba
la sensitiva luz
de yo no sé qué llanto
de plenitud
que aparecía en tus ojos,
ganaba tu actitud
alargada
y te hacía un pálido
misterioso fondo…

Y así eras un alma
antigua
en su mismo éxtasis fiel
hasta el nivel de otra alma…
Y a su vez esta alma
se bañaba
en tu gracia lejana
como en los puros signos
del espíritu
ya iluminándose…


NO ESTÁS…
No estás debajo de la mesa
para envolverme en el hálito
de tu armonía dormida:
el sueño del impulso
mismo
en sus líneas aladas
hacia prados invisibles
pero que llenaban
de no sé qué brisa verde
la pieza…
y las hierbas se despertaban
y la mañana era de pies ligeros
y la tristeza era de pies ligeros…

Temblaba tu calor,
y la soledad de dos
tenía un sobresalto
de fuego suave…
no más el frío inexplicable,
no más la sombra inexplicable,
no más el abismo inexplicable...

No estás debajo de la mesa, mi amigo…


NO ESTÁS…
No estás en el sol tibio
conmigo…
Chispas del azul etéreo
encendían dulcemente, y las fundían en él,
las ideas fáciles del aire, de las hojas, de los trinos,
en que mi pensamiento flotaba…

Me mirabas, medio fascinado,
los ojos vencidos por igual
delicia radiosa,
y éramos una sola alma agradecida
a un mismo dios transparente:
criaturas gemelas de este dios,
humildes llamas de este dios…

No estás en el sol tibio conmigo, mi amigo…


Y AY!...
Y ay, no bajas la escalera
como en los últimos tiempos,
con tus ziszás deslizados…

A veces, ay, caías contra mi propio corazón…

No bajas la escalera,
y sin embargo
yo ya sentía entonces que bajabas
hacia las pálidas raíces
y que mis brazos eran débiles
contra tu descenso rápido, rápido,
en su indecisa lentitud.

No podía detener tus días
en los ámbitos de tu adoración, familiares
a la presencia amada y a su aura,
con su fluido secreto, y las líneas
visibles e invisibles que debían repetirla…

Oh, si después de la ceniza
el cariño por ahí esperara…
¿Qué oídos para oír tu aullido solo
más allá de la luz y de la sombra?
Y yo llegara al fin a encontrarte en algún cielo del amor,
tú ya rápido hacia mí por el imposible otro perfume, llorando,
y jugáramos los dos, luego, por las infinitas hondonadas,
sobre el rocío eterno de las gramillas eternas…

Si nos halláramos, después, mi amigo, en algún círculo fiel,
fluidos sólo quizás de una adhesión perdida
que no se habría cansado, allá, de preguntar a los aires…



De: La brisa profunda, 1954; en Obra Completa, Centro de Publicaciones, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Argentina, 1996.
Juan Laurentino Ortiz nació el 11 de junio de 1896 en Puerto Ruiz, cerca de Gualeguay (Entre Ríos), ciudad donde vivirá hasta 1942 cuando se muda a Paraná. Murió el 2 de septiembre de 1978. Foto: Jmp

lunes, 26 de junio de 2017

Macedonio Fernández, Es una pena que a un autor le quiten un público que no sabe que escribe mal


EJERCICIOS DE CORDIALIDADES…


     Ejercicios de cordialidades.
     Había una vez una establecida luna de miel que no fue eterna entre autor que escribía mal y lectores que no lo sabían.
     ¿Importaba algo que aquél escribiera mal si no había de saberse?
     Pues bien, a esta placidez de candor le tiraron una piedra. Ese retazo de público inocente lo abandonó; buscó otro autor. ¿Pero dónde encontrar hoy quien escriba mal, si el escribir bien es lo primero que hace el principiante y lo aprende en tres o cuatro meses?
     Es una pena que a un autor le quiten un público que no sabe que escribe mal.
     El “escribir bien” es hoy lo que era antes la “buena letra”. Abunda tanto que se le huyó, y si no le huimos es porque el sueño nos atontó.
     El habitual lector que encuentra alguien que escribe mal hoy, no encuentra otro, y en cambio son innumerables en toda América los que escriben bien. Hasta en Francia ya, creo, se está en un “escribir bien” nuevo, distinto del que se usaba antes. ¿Para qué éste cambio?



En: Cuadernos de todo y nada, Corregidor, 1972, primera edición.
Macedonio Fernández (Buenos Aires, 1 de junio de 1874 - 10 de febrero de 1952). Foto: Jmp

domingo, 25 de junio de 2017

Lou Reed, Un libro de magia en un tacho de basura


SUCIO BULEVAR

Pedro vive junto al Hotel Wilshire
Mira desde una ventana sin cristal
Las paredes son de cartón
El suelo de diarios
Y su padre le pega porque está demasiado cansado de mendigar
Tiene nueve hermanos y hermanas
Han crecido de rodillas
Y es difícil correr cuando una percha te pega en los muslos
Pedro sueña con ser mayor y matar al viejo
Pero tiene pocas probabilidades, se va al bulevar

Este cuarto cuesta 2.000 dólares al mes
En serio, es verdad
En algún lugar el dueño se mea de risa en los pantalones
Aquí nadie sueña con ser médico ni abogado ni nada
Sueña con traficar en el sucio bulevar

Tráeme tus hambrientos, tus cansados, tus miserables, que me meo en ellos
Eso es lo que dice la Estatua de la Intolerancia
Tus pobres masas hacinadas: a garrotazos hasta matarlas
Acabaremos con ellas y las tiraremos al bulevar

Afuera la noche brilla, en el Lincoln Center representan una Ópera
Y las estrellas de la farándula llegan en limusina
Las luces de los focos iluminan el horizonte recortado de Manhattan
Pero en las calles miserables las luces están apagadas

Hay un niño junto al Lincoln Tunnel
Vende rosas de plástico a un dólar la flor
El embotellamiento de tráfico llega hasta la calle 39
Las putas de la tele invitan a los polis a una chupada

Y de regreso al Wilshire, Pedro se sienta a soñar
Ha encontrado un libro de magia en un tacho de basura
Mira los dibujos y levanta la vista al techo destrozado
“Cuando cuente tres –dice– quisiera desaparecer y volar, volar lejos…”







Escucho Lou Reed. Pienso en Basho (hermoso, se nos fue poco después de las 11 a.m. del viernes).
En: Lou Reed. Atraviesa el fuego. Todas las canciones, Mondadori, 2000. Traducción de Javier Calvo y Cruz Rodríguez Juiz. Del elepé New York, 1989. “Dirty Blvd”, lado 1, tema 3.
Lou Reed (Brooklyn, Nueva York, 2 de marzo de 1942 – Southampton, Estado de Nueva York, 27 de octubre de 2013). Foto: Jmp.

lunes, 19 de junio de 2017

Edgar Bayley, Vas a ordenar por fin tu cabeza


NUESTRO PAÍS

nuestro país es éste
es otro
entre ambos mundos
entre corrientes
miro hacia el mar
me acompaña el viento
miro a lo lejos
hacia afuera

el sol sobre la arena
y las gaviotas
más cerca de nosotros
que las palabras o la memoria

de manera que miro
pongo en orden al mar
dentro de mí

el mar no recomienda nada
no nos advierte
no persigue ni absuelve

yo no busco frente al mar
una salida
no quiero ser llamado
y tirando hacia abajo
me voy haciendo arena
sin nombre
hago mi camino
unos pasos
ando


CUALQUIER VENTANA

vas a ordenar por fin tu cabeza
hablar claro entender entenderte
vas a tener revelaciones
en tus manos
vas a comprender por fin
en la oscura mañana
la libertad de no esperar
de no culpar ni disculparte
vas a ocupar con el mismo interés
cualquier ventana
harás tuyo por fin cualquier paisaje
la voz que tengas ese día





En: El día, Ediciones del Mediodía, 1968.

Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919 – 1990). Foto: Jmp

viernes, 16 de junio de 2017

Raúl Scalabrini Ortiz, Un hombre distinto



El río del borde doblaba los juncos y mis ojos
cuando este consuelo de palabras se anunció:

Y el agua iba
Y el agua va
Y el agua irá

En su fugacidad cobijo
Mi salvación de olvido

Sin ser el mismo
Y sin dejar de serlo

Como el agua fui
Como el agua voy
Como el agua iré



Sentado frente a su café
era en la noche un hombre distinto.

Un gran silencio se consume
en palabras sin sangre que se aplauden.

Una luz muy neta se disipa
en los ciegos ojos del mirar del día.

Una quietud muy honra se perturba
en el frenético latir de la ambición.

Un ceñido cariño se disuelve
en el perverso amor que te consuela.

Centrado en sombras, el ya sin nada
su vida fermenta en la reserva.

Mosto nuevo de un placer por nadie conocido,
un exceso de vida lo sofoca.

El perdido silencio lo sostiene.
La humildad de la tierra lo  solivia.

Hombre semilla, de la ventura germen,
en el rostro de otros tiene un rostro.



     “Estas devociones brotaron en el transcurso de los últimos veinte años de mi vida, de 1926 a 1946, con el ritmo espontáneo y vitalmente ineludible con que combo el pecho para respirar.
     Constituyen una testificación fundamental de mi fe en los hombres de mi tierra, y son un aporte al desbrozamiento de las falsas perspectivas que enmarañan su destino histórico. (…)” RSO
En: Tierra sin nada, tierra de profetas. Devociones para el hombre argentino (1926-1946), Editorial Lancelot, 2009.

Raúl Scalabrini Ortiz (Ciudad de Corrientes, 14 de febrero de 1898 - Buenos Aires, 30 de mayo de 1959). Foto: Jmp